cartas al editor

Nuestro deber en la Educación Médica Continua

Con el afán de certificar el arte médico (techné iatriké) por sobre la labor de charlatanes y otros errabundos sospechosos, la escuela hipocrática se encargaba de certificar a sus médicos formados para mayor seguridad del paciente y, por supuesto, para mayor renombre del colegio. Acaso en un intento por mantener la experiencia transmitida, donde las guerras y avatares diversos podían consumir en una sola jornada el conocimiento de siglos, se inculcaba a los médicos recién formados participar activamente de la docencia: siempre de manera desinteresada y abierta, priorizando a aquellos que, por mérito e idoneidad, deseaban instruirse en el arte.

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Apología a la formación continua

Sr. Director: Al mirar atrás, incluso solo un año después de haber ingresado en nuestras respectivas Universidades, podemos darnos cuenta de que ya no somos los mismos. Es ingenuo pensar que pasa algo distinto con el conocimiento; el saber humano avanza continuamente, ayudándonos a ayudar, redefiniendo lo que somos y lo que podemos llegar a ser, y desde el “simple estudiante” hasta el referente internacional, nadie está exento de actualizarse y progresar.

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