Apología a la formación continua

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Sr. Director:

Al mirar atrás, incluso solo un año después de haber ingresado en nuestras respectivas Universidades, podemos darnos cuenta de que ya no somos los mismos. Es ingenuo pensar que pasa algo distinto con el conocimiento; el saber humano avanza continuamente, ayudándonos a ayudar, redefiniendo lo que somos y lo que podemos llegar a ser, y desde el “simple estudiante” hasta el referente internacional, nadie está exento de actualizarse y progresar.

A lo largo y ancho del país, nuestras respectivas Casas de Estudio ponen (o pusieron) a nuestra disposición variadas instancias académicas para prepararnos de manera operativa para un futuro profesional. Dicho entrenamiento está dirigido precisamente a posibilitarnos ser funcionales a nuestra sociedad; sin embargo, con frecuencia solo se permite especialización a un número reducido de estudiantes y/o se exige remuneraciones exorbitantes por ello. Es en este contexto en donde Academias y Sociedades se alzan como actores fundamentales en el panorama académico de pre y postgrado, ofreciendo su arduo trabajo en forma de Congresos y Cursos, gestados del trabajo mancomunado del estamento estudiantil y el cuerpo docente, asegurando en conjunto que el nivel y la profundidad sean acordes a lo propuesto.

El lector debe entender que dichos actos formativos no aspiran necesariamente a entregar las últimas actualizaciones de un determinado tema. No es raro que el objetivo no sea sino preparar a los interesados desde el albor de su formación médica, adoptando un rol adyuvante que permite un abordaje óptimo de los contenidos especializados entregados por otros elementos formativos el día de mañana. En dicho sentido, resulta imprescindible a la hora de organizar o asistir a una de estas actividades tener presente las expectativas personales respecto a la misma, comparando lo perseguido con el objetivo expuesto que se plantea.

No puedo terminar sin subrayar la pluralidad de dichos objetivos. Si bien la entrega de conocimientos técnicos útiles en el quehacer científico y clínico es evidente en todo curso, estos pueden a la vez proveer importantes puntos de contacto e intercambio de información entre los propios asistentes, y fungir como rigurosas escuelas para pulir las habilidades de organización, liderazgo y disciplina de quienes los ejecutan. Es justo pues, en la presente, prestar humilde homenaje a dichos eventos, a los que acuden a ellos y a quienes los organizan, facetas distintas de un solo prisma dedicado al entendimiento y al saber.

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